Atlántida de Terry

Sirenas, Por Terry soñamos y creamos en el fondo del mar.


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Presentación de la Sirenita Lee ante el Delfín Imperial

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Annabel Lee


Perla beige
Perla beige
Este fue mi primer escrito como Sirena de la Atlántida de Terry.

Se los comparto porque hoy me lo encontré buscando otras cosas. Algo ha cambiado desde el día que aquí relato y eso es que ya no me desvivo por reunir a Terry con Candy porque ante mis ojos cada uno tiene un camino diferente; la otra cosa que ha cambiado es que hay muchos escritos en mi haber a pesar de que aseguraba en aquel entonces que a mí no se me daban las letras. Igual y siguen sin dárseme pero por ganas no queda. lol!

Espero que lo disfruten.

Gracias por estar aquí.

zen41fj.gif picture by Sirlaurie

Presentación de la Sirenita Annabel Lee ante el Delfín Imperial

Nado a tan rápido como me es posible, y es que debo confesar que tengo un poco de miedo. Alondrita y Arcoiris pelean disputándose la atención del bello Delfín que se nos ha encomendado custodiar.


Yo no pienso meterme en semejante contienda, pues no tengo ni el carácter ni las armas para salir bien librada de lo que pueda pasar. ¿Miedo? ¡Sí y mucho! No quiero imaginarme cómo me vería si decidieran cambiarme de forma con la varita mágica de Laurie. Creo que dejaré estas labores a aquellas que tienen más tiempo por aquí,
a aquellas que tienen una estrategia muy bien pensada para alcanzar su objetivo.


¿Algún día tendré yo el valor necesario para alcanzar el mismo objetivo a pesar de las otras sirenas y hadas? La verdad es que no tengo porque preocuparme de ello ahora. Debo tener todas mis energías enfocadas en lo único que hoy importa. Ayudar a que el Delfín conquiste nuevamente el corazón de la Princesa de las Flores, aquella que aseguran ahora está en brazos de un caballero de noble corazón en un lugar muy apartado de aquí.


-¿Quién eres tú? – una voz con evidente tono de molestia se hace presente en aquel lugar.


Está por demás decir que casi me da un infarto del susto que me provocó escuchar aquella pregunta. Más aun cuando no parecía provenir de ninguna de las sirenas. Apretando los ojos tanto como me fue posible giré poquito a poco para quedar frente a mi interlocutor, que aunque no emitía sonido alguno, se podía sentir su enfado al haber sido interrumpido de lo que sea que estuviese haciendo antes de mi abrupta entrada en sus dominios.


Armándome de valor me aclaré la garganta y respondí:


-Siento mucho haber entrado de esta manera mi señor, le prometo que no volverá a suceder.

-No has respondido mi pregunta.

-Oh sí, perdón… Me llamo Annabel Lee.

-¿Y por qué mantienes los ojos cerrados de semejante forma pequeña?
¿Qué acaso soy un ogro que no merece ser visto?….

-¡No señor, no diga eso!- Interrumpí al tiempo que sentí su cálida mano levantar suavemente mi mentón.

-Entonces abre los ojos.


"Solo déme 5 micro segundos para desmayarme y ponerme en pié. ¡Listo!” Pensé, y abrí los ojos con timidez.

Aquello significaba algo como mirar directamente el sol y no quería hacerlo de golpe.

-Muy bien Annabel Lee ¿Ahora puedes decirme qué haces aquí?- El bello Delfín se retira un par de pasos para tomar asiento y esperar mis explicaciones.

-Huía…es decir, nadaba muy rápido-corregí de inmediato- y…

-¿De quien huías?

-¿Huir? No señor yo no huía-aclaré atropellando las palabras- ¿Acaso dije que huía? No… la verdad es que estaba muy distraída y sin querer llegué hasta aquí.

-¿Acaso las otras sirenas te han asustado con sus travesuras?– Una linda sonrisa dibuja su rostro y el enfado que pudo expresar minutos atrás, es un mero recuerdo.- No tienes porque temerles, ellas son traviesas pero no son malas.

-Eso lo sé señor. Todas son muy lindas y no viven más que para adorarle y protegerle.

-Tienes toda la razón Lee ¿Puedo llamarte así? Porque ¿sabes?, mi Guardiana Real de las Armas también se llama Anabel.

-Lo sé. Puede llamarme como desee.

-Muy bien Lee, y ya que estás aquí- Estira un brazo indicándome tomar asiento frente a él - ¿Por qué no me cuentas de donde has venido? Nunca antes te había visto entre las sirenas. Con un poco de nervio, tomo asiento y comienzo a relatar la historia que me trajo hasta este lugar.


-Hace poco tiempo que llegué y hace mucho que abandoné mi hogar.

Con un guiño de ojo, el Delfín me transmite complicidad y agrega:

-Así que fugitiva ¡eh!


-No señor, en realidad no me escapé. Fueron otras las circunstancias las que me apartaron de lo que más amaba.


En su rostro se dibujó una interrogante con rasgos de dolor. Como si mis palabras hicieran referencia a su propio sufrimiento, así que continué mi relato sin mayor demora.

-Hace muchos, muchos años en un reino junto al mar yo tuve la dicha de amar y ser amada- comencé aquella historia como en otro tiempo lo hiciera el dueño de mis sueños e ilusiones- Él era un poeta, el mejor que aquel reino conociera. De sus dulces labios emanaban las más hermosas frases de amor que una chica pudiera inspirar. Sí, me siento orgullosa de haber sido para él la musa en todos los que a ese sentimiento refería en sus versos- conté con inmensa alegría-. Éramos sólo niños, pero el sentimiento que nos unía era más grande que todo. Aun cuando los mayores dicen que siendo uno niño, no es posible concebir el amor de semejante modo. Cuan grande era el amor que nos profesábamos que hasta los ángeles del cielo y los demonios del mar nos tenían envidia. Creo que no eran tan felices como nosotros dos lo éramos. Pero un día un viento salió de una oscura nube para helar para siempre mi
corazón. Creyéndome fallecida, mi parentela me llevó a enterrar en una tumba en aquel reino junto al mar. Mi amado pasó a mi lado los días y las noches que siguieron a mi "muerte", hasta que un brusco movimiento que provenía de las profundidades de la tierra, nos separó de nuevo, esta vez para siempre- recordé con tristeza-. La sepultura se hizo más profunda y mi cuerpo cayó al fondo del mar que ahora se abría paso de forma violenta hacía aquel lugar- señalé con un dedo los arrecifes cercanos-. Mis primeros recuerdos en este, mi nuevo hogar, se remontan al momento en que la calidez de sus aguas cubrieron por completo mi cuerpo hasta lograr que mi corazón volviese a latir. Permanecí mucho tiempo bajo el agua, lo sé porque escamas salieron de mi piel y el agua no parecía un elemento extraño a mi naturaleza- sonreí sin dejar de ser discreta-. Aun cuando lejos estoy del lugar que me vio nacer y lejos de mi gran amor; no me siento triste, pues aquí he encontrado un hogar maravilloso y una nueva causa que seguir. Yo no sé escribir versos mi señor, ese es un don que a mi no me fue otorgado, sin embargo, créame que haré todo lo que esté a mi alcance para que su amada vuelva a estar a su lado, y en su rostro no se vean más que sonrisas todos los días.

-Estoy seguro que así será Lee. Y como muestra de mi agradecimiento, te daré la primera de ellas – Terry sonríe y todo se vuelve más vivo y colorido.

-¿Permitirá que me retire ahora mi señor?

-Claro que sí sirenita Lee. Si me prometes que otro día volverás y me contarás más sobre la historia de la niña Annabel Lee y el poeta en aquel reino junto al mar.

-Así será mi señor, si usted lo ordena, así será.- Sonreí como hacía mucho tiempo no lo hacía y después incliné mi cabeza en una corta reverencia para dirigirme tan pronto como fuera posible a la salida de aquel salón.


Ojalá no me hayan visto las otras sirenas…. ¿Qué sería de mí si me hubieran visto hablando con el Delfín con ojos color de mar?

FIN

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Última edición por Annabel Lee el Dom Dic 05, 2010 11:01 pm, editado 2 veces (Razón : Tratando de arreglar el texto y la tabla)


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