Atlántida de Terry

Sirenas, Por Terry soñamos y creamos en el fondo del mar.


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En tu cumpleaños, una historia sobre ti ¡FELIZ CUMPLEAÑOS TERRY!

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Annabel Lee


Perla beige
Perla beige
Amado foro Atlante:

Aquí les traigo el regalo que preparé para Terryto papacín en la celebración de su cumpleaños del 2011.

¡Gracias por leer!

Digamos que me gusta ser una persona práctica a la hora de elegir regalos para mis seres amados. Me gusta que en mis presentes encuentren algo útil que puedan usar cuando les sea necesario y que de paso, me recuerden con una sonrisa al hacerlo.

Con Terry siempre es complicado porque no hay muchas cosas prácticas que le puedas regalar a alguien que lo tiene todo.

En un día como éste ya han desfilado: plumas fuente, libros de sus autores favoritos en ediciones especiales, pañuelos con sus iniciales, objetos de arte, videos de las óperas de su preferencia, discos de la música que le agrada, botellas de fino licor, etc., etc.

¿Celebraciones? También ha tenido muchas. Algunas no fueron de su completo agrado porque prefiere las cosas sencillas y sin tanta concurrencia, pero al final y aunque no lo diga, le viene bien sentir el cariño de tanta gente a su alrededor.

Recuerdo bien el trabajo que me costó romper con su viejo hábito de pasarse este día solo en su departamento y sin la compañía de nadie, ni siquiera de su madre.

-¡No seas aburrido Grandchester! Eres demasiado joven para ser tan amargado.
-No es que sea un amargado, simplemente no tengo nada que celebrar- respondió con desgano tirándose en un sillón cercano.
-Eres un ingrato, con tantas cosas que te ha dado la vida.
-¿En serio? ¡No me digas! – arremetió con sarcasmo - ¿Qué tengo que celebrar? ¿Que estoy solo?, ¿que tengo un padre que se afrenta de mí ? o ¿que tengo que cumplir un compromiso con una mujer que no amo?
-¡No estás solo! – refuté dolida hasta la médula - Tienes a tu madre, al señor Hatthaway, a mí...
-No lo tomes a mal pero...
-Sí, ya sé –lo interrumpí sabiendo bien a qué se refería pero sin dejar de dolerme y mostrarle mi disgusto ante semejante comentario-. Ninguno de nosotros somos Candy y tampoco podemos hacer que las cosas con tu padre cambien, pero en tus manos sí está el que cambies tu vida con respecto a la mujer que amas. ¿Por qué no dejas de lado ese honor mal entendido y te vas a ser feliz con ella?
-¡Cómo si fuera tan fácil!- remarcó con tono sarcástico mientras miraba a la nada.
-¿Dónde está lo difícil?- me encuclillé a su lado- Simplemente le dices a la Marlowe que no la amas y que lo único que puedes hacer por ella es velar por su bienestar económico, pero nada más.
-Sí, y después de tres años, Candy va a seguir esperándome con los brazos abiertos.
-Si sigues dejando pasar más tiempo, es probable que la pierdas de forma definitiva y sin remedio...

Conseguir que regresara con Candy era un regalo que sin duda lo volvería loco de alegría, pero por más que lo intenté, él nunca dejó de lado su posición de caballero con un deber de honor para con la Marlowe, haciendo que mi regalo de cumpleaños se volviera un imposible.

Años más tarde, y en complicidad con Eleanor Baker, pude hacer que Richard Grandchester estuviera en la ciudad para celebrar un cumpleaños con su hijo, cosa que me llenó de orgullo y me hizo pensar que no había imposibles en este mundo, si es que te empeñabas con todo el corazón a hacer las cosas.

El panorama había cambiado, la Marlowe había encontrado su independencia física y económica y claro está que en cuanto pudo, mandó a volar a Terry y tiró por el caño todos los años de sacrificio y cuidados que él le prodigó desde el día mismo de aquel maldito accidente.

Sabiendo esto, me fui a buscar a Candy a Chicago. Habían pasado cinco años, en los cuales seguramente habrían pasado muchas cosas, pero no quise rendirme sin antes hacer el intento o por lo menos saber qué había sido de aquella enfermera de grandes coletas rubias.

No fue difícil saber de ella porque siendo la hija de una familia de tanto renombre en la ciudad, todo el mundo conocía con lujo de detalles lo que quisieras saber de ella y morían por contarte lo que fuera.

En ese momento me enteré de que contrajo matrimonio tres años atrás con el hombre que en otro tiempo fuera su padre adoptivo; y que ella y su esposo pasaban largas temporadas en un lugar lejano en África, trabajando en obras filantrópicas.

Decepcionada por la noticia regresé a Nueva York, devanándome los sesos intentando encontrar otro regalo maravilloso para Terry, algo que cambiara el rumbo de su vida y que lo hiciera inmensamente feliz.

Lo que la vida me enseñó con el paso del tiempo fue que no estaba siempre en mis manos conseguirle a Terry esa clase de regalos que mi cariño y aprecio por él me alentaban a buscarle, así que volví a las simplezas que dejan los regalos materiales.

-¡Me rindo! A partir de este año me declaro incompetente para encontrarte un regalo que esté a la altura de mi afecto por ti.
-Jajajaja, ¿Quieres decir que ya no tendré que ir a esos bares karaoke a cantar y a hacer el ridículo delante de extraños?
-Dije tu regalo, no la celebración de tu cumpleaños.
-¡Diablos!, pensé que eso era parte del regalo- señaló con gesto socarrón-. Te complicas demasiado la vida muñeca, cualquier cosa viniendo de ti, será maravillosa. ¿De qué te preocupas? Casi siempre los mejores regalos que he tenido vienen de ti, conoces mis gustos y...
-¿Casi siempre? –interrumpí indignada.
-Bueno, siempre... pero no se lo comentes a Eleanor- me guiñó un ojo y yo sonreí.
-Es que no lo entiendes. Tú eres muy especial para mí –afirmé mirándolo a los ojos-. A pesar de tu carácter ogril, siempre has sabido ser un buen amigo. Me has apoyado y has cuidado de mí más que mi propia familia.
-Eso no lo hago porque sea bueno, lo hago porque tú te lo mereces... y porque me das los mejores regalos en mi cumpleaños-bromeó como de costumbre.
-¡Tonto! – respondí dándole un manotazo en el hombro.
-Tu presencia es lo que más me importa y lo que me hace feliz cada cumpleaños- me explicó muy seriamente pero con suavidad-. Si tuviera tu regalo pero tú no estuvieras conmigo, me sentiría vacío. Así que asegúrate de siempre estar... de un modo o de otro, pero siempre estar- finalizó extendiendo los brazos para cubrirme con ellos.

A partir de ese día me aseguro de siempre estar a su lado... de un modo o de otro. Sería una locura para ambos estar pegados como siameses, así que me las he ingeniado para cumplir mi promesa aunque las leyes de la física me dicten lo contrario.

Ahora mis regalos son sencillos y siempre vienen acompañados de una azucena con una nota que le hace saber lo mucho que lo quiero y con eso me siento feliz y en santa paz.

El regalo material es lo de menos... porque se hace enoooorme cuando sabe el cariño que viene unido a él.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS GALAN!

Con el amor de siempre:
Karen
Enero de 2011


¡Gracias por leer!
Besitos del corazón:
Annabel Lee
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Weissesherz


Perla negra
Perla negra
Plop!!!

Ohhh me encantaría que fuera diferente, que azucenas no fueran parte de la historia jiji, pero rompiendo paradigmas y pemitiendo todo pero todo, tu obra maravillosa querida Annabel, como siempre claro está.

Un abrazo gigante!

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Annabel Lee


Perla beige
Perla beige
¡Millones de gracias amiguita! 

Todavía recuerdo el día en que la Klaise me contó esta historia.  Muchas gracias por compartirme lo que piensas sobre la azucena y la historia. 

Aprecio muchísimo que por encima de ese detalle, hayas disfrutado la lectura.

Te mando un mega abrazo con muuucho cariño.

¡Qué bueno es tenerte de nueva cuenta por estas aguas!

Besitos del corazón:
Annabel Lee

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